El Poder De Contar Una Buena Historia
El poder de contar una buena historia. Aquí te cuento el poder real que ejerces sobre tu público al contar una buena historia
Un profesor de oratoria correcto te diría que:
Ojo el atril, que no se te note que lees la presentación, finge que no estás leyendo. Disimula.
Los divides en 3 partes y te paras en los tres puntos relativos a cada una de las partes.
¡Buf!
Si no te haces la picha un lío (yo lo haría), te dará su OK si consigues leer la diapositiva de forma correcta.
Sin que se note.
Y pa rematar te dirá que coloques las manos así o asá o asú,
y que si te las metes en el bolsillo saques el pulgar.
Oh my God.
Y colofón final en una orgía de ponentes correctos:
Si tú te presentas como
Hola, soy Pepe. Estudié ingeniería naval. En mi empresa nos dedicamos a la inspección de buques mercantes extracomunitarios.
Tu proferor de oratoria correcto te dirá que (por supuesto) es correcto y que total es la presentación, que lo que importa es la chicha.
Mamma mía.
Yo te digo lo mismo: es correcto.
En mi lenguaje, correcto significa plano.
Uno más del montón.
Un perfil de Linkedin con patas cualquiera.
Aburrido.
Bueno, de hecho no te lo diría. Soltaría un
Pfff, grrrr, bah.
O similar. Ya me entiendes.
Correcto = Caca.
En mi escuela de Arte Dramático mi profe Vicente Genovés me dijo una vez que mi escena de Valle Inclán estaba correcta… y me cascó un cinco pelao.
Si te conformas con un cinco pelao, no soy tu chica. Búscate un profe más correcto que yo.
Yo te pediría más.
Siempre pido más al alumno que sé que puede dar más.
Te diría que te olvidaras de qué hacer con tus manos (si tú fluyes y el mensaje fluye tus manos fluyen, sin más). En realidad primero te diría que te las cortaras, pero te estaría vacilando.
Te diría que tu vida académica aburre a los peces y el porrón de empresas molonas en las que has trabajado no interesan y que lo de la primera impresión es lo que cuenta aplica (también) a tu mensaje.
Te diría que lo que tu público quiere de ti no es tu presentación sino a ti.
Me da igual tu atril.
Me la pela tu PowerPoint.
Y me la repantufla cómo y dónde colocas tu pulgar.
Fuera todo lo que te aleja de ti y de tu público.
Es ruido.
Molesta.
Entonces contarías una buena historia.
Algo así como:
De pequeño me chiflaban los barcos. Viajaba con mi padre en ellos porque era médico y viajaba entre las islas y no nos daba el dinero para aviones.
Y un día de mierda, el día que mi padre murió, decidí dedicarle mi vida a los barcos, al mar.
Porque mi padre para mi es el mar y el mar huele como olía él.
Así que decidí estar todo el tiempo que pudiera en ellos y por eso me busqué una profesión que me tuviera cerca de los barcos y el mar.
Podría haberme hecho marinero, en fin.
Lo de inspeccionar buques me da más pasta.
Y eso me interesaría porque tu buena historia, bien contada, me habla de ti y hace que conecte contigo.
Eso te hace de carne y hueso.
Eso hace que te crea de verdad, y tu público también.
¿Lo ves?
De mí te puedo contar que me gusta llamar al pan pan y al vino vino.
Si puedes soportar mi vehemencia, habrá un antes y un después en tu comunicación.
Es más: habrá un antes y un después en tu vida.
Porque comunicar y vivir son lo mismo.
Igual te suena soberbio, pero es que es así.
Es lo que hay.
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Feliz día.
Silvia
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